La urgencia de responder a los mensajes de trabajo mata lentamente la salud mental
Un estudio revela que el agobio generado por los correos electrónicos afecta psicológicamente a los empleados y a sus personas cercanas

A las ocho de la tarde vibra el teléfono, con una notificación. Es un correo electrónico, del jefe, en domingo. No lo contesta porque no es urgente, pero tampoco puede quitárselo de la cabeza. “Si el trabajo es lo último en lo que alguien piensa antes de dormir, probablemente algo no va bien”, explica William Becker, profesor de la Universidad Virginia Tech y coautor de un estudio que analiza el efecto de los correos electrónicos en el bienestar de una persona y su entorno próximo. La conclusión principal es que la necesidad de estar siempre conectado, aunque no sea de forma explícita, conlleva a un tipo de agobio específico, que llaman e-ansiedad, y afecta psicológicamente a los empleados y a sus allegados.





Francisco Pardo Piqueras ha destacado que “nuestro objetivo es y debe ser proteger a nuestros policías. Porque cualquier organización que pretenda alcanzar sus metas con éxito debe tener a las personas que la componen en el centro de sus actuaciones”


