La cultura preventiva: una asignatura pendiente desde la escuela

En España, la prevención de riesgos laborales suele abordarse únicamente en la etapa adulta, cuando la persona trabajadora ya ha accedido al mercado laboral o durante su formación profesional. En programas como la formación dual, los jóvenes reciben capacitación específica en prevención adaptada a los trabajos que realizarán en las empresas, lo que demuestra que la educación en seguridad es fundamental para su futuro laboral. Sin embargo, el contexto actual invita a replantear esta estrategia: ¿por qué no empezar antes? ¿Por qué no integrar la prevención como parte natural de la educación desde la infancia?
Al igual que ocurre con la igualdad entre hombres y mujeres, incorporada de forma transversal en el sistema educativo por la Ley Orgánica 3/2020 (LOMLOE), o con la conciencia medioambiental, reforzada por el Plan de Acción de Educación Ambiental para la Sostenibilidad (PAEAS) 2021-2025 (MITECO, 2021), la prevención debería ser también un aprendizaje estructural desde la escuela, no un complemento puntual limitado a la etapa laboral.
Más allá de la asignatura de Tecnología
Actualmente, los contenidos relacionados con la seguridad y la prevención se tocan de forma tangencial en asignaturas como Tecnología o FOL. Sin embargo, se quedan lejos de proporcionar un aprendizaje profundo sobre cómo anticipar riesgos, identificar conductas seguras y actuar ante una emergencia.
La escuela es el espacio ideal para enseñar hábitos seguros que acompañarán a la persona toda su vida: desde cómo desplazarse por la calle o el centro escolar sin riesgos, hasta cómo reaccionar ante una situación de peligro, pasando por la importancia del cuidado de la salud mental, una dimensión cada vez más reconocida como parte esencial de la prevención.
Beneficios sociales de educar en prevención
Integrar la prevención en la educación obligatoria tendría múltiples beneficios:
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Conciencia desde pequeños: al crecer interiorizando conductas seguras, se reducen accidentes en el presente y en el futuro.
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Cultura preventiva sólida: generaciones futuras más responsables con su entorno laboral y personal.
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Bienestar integral: la prevención protege frente a accidentes físicos y fomenta la salud emocional, la gestión responsable del estrés y la convivencia.
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Responsabilidad ciudadana: la prevención se convierte en una actitud de respeto hacia uno mismo, hacia las demás personas y hacia el entorno.
Una asignatura pendiente: cooperación entre instituciones
Para lograrlo, es necesario un diálogo entre instituciones educativas, administraciones públicas, entidades especializadas en salud laboral y sindicatos. La Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales ya establece que las administraciones deben promover la educación preventiva en los diferentes niveles de enseñanza (BOE, 1995), pero su aplicación en los currículos escolares sigue siendo limitada.
Programas como la formación DUAL muestran que es posible enseñar prevención de manera práctica y aplicada. La propuesta es trasladar este enfoque a la escuela: talleres, simulacros, juegos didácticos y campañas que integren la seguridad como parte del día a día, creando generaciones que internalicen la prevención, la igualdad y la sostenibilidad como valores fundamentales.

