Los riesgos invisibles de la mujer en la obra

Aunque la afiliación femenina en la construcción creció un 15,3 % en 2025, las mujeres siguen representando apenas el 0,7 % de la mano de obra 'a pie de obra'. Un reciente informe del INSST alerta de que la prevención de riesgos ignora su realidad: desde equipos diseñados para cuerpos masculinos hasta la falta de aseos dignos, enfrentan barreras estructurales que ponen en peligro su salud y seguridad.
Las conclusiones del documento que acaba de publicar el INSST sobre los riesgos que afectan a las mujeres en obra, destaca cinco claves:
1. EPI con diseño androcéntrico y modificaciones peligrosas:
La ropa y los Equipos de Protección Individual (EPI) se diseñan históricamente con parámetros masculinos (como la "cabeza de Sheffield", un modelo de varón adulto usado para ensayar mascarillas). El 32 % de las trabajadoras modifica sus propios equipos (recortándolos o cosiéndolos) para que les ajusten, lo que anula su certificación y aumenta el riesgo de atrapamientos en maquinaria o tropiezos. El informe también denuncia la comercialización de EPI "barbie-ficados" (de color rosa) o con nombres inapropiados (como "Vixen"), que no resuelven el problema de fondo.
2. Higiene básica comprometida y deshidratación voluntaria:
El 78 % de las encuestadas señala que la ausencia de aseos adecuados y con pestillos funcionales es un riesgo directo. Muchas optan por no beber agua durante la jornada para evitar usarlos, lo que deriva en infecciones de orina y golpes de calor. Además, temen reclamar instalaciones dignas por miedo a ser tachadas de exigir un "trato especial".
3. Exclusión de la formación preventiva informal:
En las obras, gran parte del conocimiento sobre seguridad se transmite de manera informal entre redes de compañeros hombres. Como consecuencia, el 21,5 % de las trabajadoras no recibió información ni capacitación para el uso adecuado de su EPI, incrementando su probabilidad de sufrir accidentes por desconocimiento.
4. Riesgos psicosociales y el síndrome de la "mujer mascota":
Para contrarrestar los estereotipos de "debilidad", muchas trabajadoras evitan pedir ayuda y se sobreexigen físicamente. Los estudios indican que esta dinámica multiplica por cuatro su probabilidad de sufrir lesiones musculoesqueléticas. A esto se suma la normalización del acoso sexual (mencionado en el 21 % de las codificaciones psicosociales) y el acoso por razón de sexo.
5. Barreras de acceso y permanencia:
Persiste la percepción del sector como un entorno hostil y "machista". Ideas erróneas sobre su supuesta falta de fuerza física o la incompatibilidad con la vida familiar siguen siendo utilizadas como excusa para no contratarlas o no ascenderlas, a pesar de que el 93,3 % de las mujeres ya afiliadas en el sector cuenta con contratos indefinidos, mostrando una alta estabilidad cuando logran acceder.
El INSST concluye que incorporar la perspectiva de género en la prevención (actualizando datos antropométricos, garantizando instalaciones dignas, formalizando la formación y erradicando el acoso) no es solo una cuestión de igualdad, sino una necesidad técnica para crear entornos de trabajo verdaderamente seguros para toda la plantilla.
FUENTE: INSST
IMAGEN: BDB

